Capítulo 9: Cuando calienta el sol

César tomó un caset del librero de la sala, pulsó el botón de expulsar del estéreo para introducirlo con el lado A hacia adelante. En él se leía “HERMANOS RIGUAL. GRANDES ÉXITOS”. Le puso play y le subió todo el volumen para poderlo escuchar en todas las habitaciones por encima de los martillazos.

La casa redobló esfuerzos cuando la guitarra comenzó a sonar y se escuchaba a los Rigual:

Cuando calienta el sol aquí en la playa

siento tu cuerpo vibrar cerca de mí,

es tu palpitar, es tu cara, es tu pelo,

son tus besos, me estremezco.”

Habían logrado tirar una pared en el transcurso de la noche y ya levantaban un muro en su lugar hecho de cartón de huevo, alfombra, unicel. Las ventanas y las demás paredes también eran tapizadas con alfombra y cartón de huevo. Un solo cuarto de la habitación estaba siendo transformado en polígono.

En la casa se encontraban trabajando todos los elementos de la Brigada Militar. Desde que Alicia comenzó a martillar la pared, todos recibieron el mensaje de que se prepararía el siguiente golpe de la Liga 23 de septiembre, y había que entrenar a disparar, desarmar y luchar cuerpo a cuerpo. Esto sucedía cada que se planeaba un asalto importante, pero esta vez no sabían ni fecha, ni víctima, ni el modus operandi, simplemente intuyeron el ímpetu de Alicia. Ella lo tenía determinado: buscaría a José López Portillo.

El polígono servía para practicar tiros, sobre todo. Usaban una pistola 45 con cartuchos de 22; así se ahorraban balas. El polígono silenciaba el ruido de los disparos, como un cuarto hermético y con amortiguadores artificiales de sonido. Para probar su eficacia, un integrante salía a fumar y otro se esperaba en la sala. Se hacían 3 disparos continuos. El que salió a fumar no percibió un solo ruido de aquella casa, en parte porque el polígono había sido construido en un cuarto de la parte trasera de la casa. El de la sala simplemente escuchó como si tocaran con los nudillos la pared, nada de importancia.

Alicia tomó la primera carga y la puso en la 45. Comenzó a disparar sin detenerse: estaba descargando su rabia. Para ella, el tiempo se había vuelto lento, todo se sentía a flor de piel, los movimientos eran pesados, el viaje de la bala a la pared podía percibirlo y cada casquillo caía al compás de la letra:

“… es tu palpitar,

tu recuerdo,

mi locura,

mi delirio,

me estremezco,

cuando calienta el sol.”

 

abstract black and white blur book

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