Capítulo 7: Tacos Chava.

— A mí me trae tres de trompo, por favor.

— Aquí se dice “al pastor”, señorita. Pero cómo no, con mucho gusto. ¿Y para usted joven?

— Igual.

— ¿Refrescos?

— Los de trompo van con Orange. Échenos dos.

— Cómo no. Ya salen.

— ¿No te parece un lugar arriesgado para hablar?

— Pepe, es una taquería de la calle — Alicia lo dice en tono de que es el mejor lugar para hablar.

— ¿Y?

— Ay, Pepe, los puestos de tacos son producto de la crisis estructural. ¿Tú crees que los taqueros y empleados de aquí estarían en contra de nuestras causas, siendo parte de la población más frágil? Además hay mucho ruido. La DFS y la prensa vendida creen que conspiramos en lo oscuro, que somos una secta, por eso nos satanizan. También somo taqueros, Pepe. Despojados y echados a la calle donde nadie nos hace caso.

— Eso sí.

— La economía subterránea y la subalimentación de los explotados.

— Claro. Alicia, en el Comité se habla de un golpe grande por parte de la liga, pero no dan detalles.

— Se está pensando, aunque tengo mis dudas, de ir por el director de la DFS, el coronel.

— ¡No manchen! Nunca llegarán al coronel. Tendrían que desarmar primero a toda la brigada blanca.

— Es lo que pienso, pero insisten en la ley del talión, por lo de Ignacio Salas.

— No, es arriesgado. Deberíamos aprovechar la coyuntura de las elecciones presidenciales.

— Mira, podríamos llegar al coronel a través de su familia, es lo que pienso Pepe. Secuestrar a sus hijos, a su esposa, qué se yo.

— Hay que ser más ambiciosos que el coronel o su familia, Alicia.

— ¿Tienes alguna idea? —Alicia pone cara de extrañamiento por la iniciativa que Pepe demuestra por el plan.

Desde que lo conocía, Pepe había mostrado siempre un perfil de ser buen soldado, no se metía en las decisiones del Comité, era buen camarada. Cayó muy bien su incorporación por parte de Amaranta y César. Pero fue con Alicia con la que tendió lazos más estrechos como con ningún otro miembro, ni con los que lo reclutaron aquella noche en el salón El Barba Azul. Era muy difícil verles separados, salvo en las ocasiones en que Alicia participaba como líder de la brigada del D.F. de la Liga o en las reuniones del Comité Militar, en donde se encontraba con su pareja “El Tenebras”, líder de la Liga en Jalisco y a quien conoció cuando lo rescató del Penal de Oblatos unos meses atrás; o cuando Pepe salía a distribuir el Madera.

— Mira, Alicia. ¿Qué persona representaría el “mejor golpe” de todos los tiempos al régimen oficial?

— Imposible, Pepe. Echeverría nos la debe, pero si no podemos llegar al coronel menos a éste.

— Yo pensaba en el ungido, José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco —Pepe ironizaba con el nombre del candidato a la presidencia para resaltar su numenidad.

— ¿Y de dónde sacas eso?

— Si bien viene de Hacienda, y ahora es candidato del partido oficial, no tiene toda la estructura de seguridad como la de Echeverría. Además, sería más duro para el sistema atacar a su líder que apenas nace, que al que ya se va. Es más ambicioso que el coronel, ¿no crees?

— Pero más arriesgado.

El mesero interrumpe con los tacos. Alicia se queda dubitativa, no solo porque suena coherente el plan de Pepe, sino porque nunca le había compartido sus ideas, era de extrañarse viniendo de él.

Suenan las corcholatas caer al piso y el murmullo de la taquería gobierna la mesa de Alicia y Pepe quienes se miran en silencio.

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