Capitulo 6: La revolución no se televisará

El poeta caminaba a media noche en el jardín Jesús Urueta. En su mente, iba acomodando la secuencia de poemas que formarían parte de su próximo recital. Veía su propia sombra alargarse y retraerse cada que pasaba una farola.

Una mano en la oscuridad lo interrumpió para ofrecerle un periódico. No pudo ver su rostro, ni medió palabra con él.

 

Comenzaba la acción política: el número 23 del Madera sería distribuido clandestinamente en el silencio de la noche.

Escuelas públicas serían tapizadas con sus panfletos. Cada casa de algunas colonias populares iban a amanecer con un ejemplar en el piso. Las bancas de los parques serían ocupadas por el periódico, los parabúses, las estaciones del metro.

El auto Fermón estaba estacionado en la esquina de Mérida y Antonio M. Anza, frente al Centro Urbano Benito Juárez. Llevaba el tiraje correspondiente a la brigada del centro. Amaranta esperaba en el asiento del conductor, agachada. Su esperanza: no ser vista por ningún vecino alarmista o por la policía.

Para ese entonces, la DFS y la policía de la ciudad habían implementado patrullajes especiales ahora que la Liga había retomado fuerza en el centro.

La estrategia de aquella noche era concentrarse en cuadrantes para repartir el periódico. Los miembros se distribuían las calles y no podían regresar hasta que dieran la señal de haber terminado. Amaranta debía contar cuatro silbidos claves que anunciarían que cada uno había terminado de repartir y hasta entonces podían regresar al auto. Antes, no debían acercarse para no levantar sospechas.

Ahora se encontraban terminando el cuadrante correspondiente a la frontera entre la colonia Roma y la Doctores.

Desde el auto, Amaranta pudo ver a César aparecer a lo lejos y sentarse en una banca del parque que se encontraba entre los multifamiliares. Mientras prendía un cigarro, silbaba para dar la señal de haber terminado. Su silbido fue contestado por otro. Ya solo faltaban dos.

Un par de minutos después, aparecía el tercer silbido en la noche, cuando Amaranta vio a un policía aparecer en la contraesquina del parque, por la calle de Toluca. El policía había visto a César sentado en la banca del parque, fumando, pero él aún no se percataba de la presencia del uniformado.

Amaranta comenzó a ponerse nerviosa, se incorporó de un salto en el asiento y pedía entre labios a César que volteara y se fuera de la banca.

— Voltea César, voltea. Por Dios, carajo.

El policía estaba a unos pasos de César, cuando se escuchó el cuarto silbido. César reaccionó a esa señal y el policía se dio cuenta que no estaba solo. Se llevó la mano a la funda de la pistola y Amaranta no tuvo más remedio que tocar desesperadamente el claxon. El policía volteó hacia la esquina donde se encontraba el Fermon. Quedó deslumbrado por los faros que se encendían. Intentó reaccionar para aprehender a César, pero un golpe seco en la cabeza lo tiraba al suelo.

En el piso, pudo ver a cuatro personas que salían de la oscuridad de los edificios y los árboles y corrían hacía aquél auto. No pudo moverse para intentar detenerlos o tocar su silbato. Sus miembros estaban entumidos. Sintió el cuerpo caliente. Temía lo peor.

 

El poeta llegó a su pequeño departamento de la calle Jalapa. Abrió la puerta. Prendió las luces. Saludaba al gato. Se sentó en la mesa para leer aquél periódico clandestino. Una sensación conspiracionista lo invadía. Recordaba la mano presurosa que le puso el periódico en sus manos. De qué tratará, pensó. El título decía: “El movimiento revolucionario en México está de luto”.

Cambió a la primera página: “El día 16 de junio fueron asesinados tres compañeros revolucionarios y apresados otros tres en la Cd. de Culiacán, y dos semanas después, en un combate con los esbirros burgueses, fue abatido por las balas asesinas de la burguesía otro camarada en el D.F.; la burguesía no cabía en sí de gozo, publicando y difundiendo la noticia con gran revuelo.

El perenne ejemplo de intransigencia y decisión revolucionaria de nuestros camaradas caídos es bandera de lucha que impulsa la grandiosa epopeya de la Revolución Comunista.

Por lo anterior, a todos los proletarios de México, a los de espíritu revolucionario y a todos los mexicanos, advertimos: la Liga 23 de septiembre dará uno de los mayores golpes a la burguesía gobernante en las próximas semanas, únanse a la causa”.

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