Capítulo 5: Me dicen “El Clandestino”.

La clandestinidad es una parte esencial de la guerrilla urbana. Pero es un fenómeno contradictorio con la propia revolución. Las personas que forman parte de la Liga 23 de septiembre quieren incidir en la vida pública y política del país, pero se tienen que esconder.

Además, guerrilla y clandestinidad, son dos causas que se simbiotizan.

El clandestino abandona todo. Abandona a la madre y a las hermanas que de vez en cuando escucha a través de una caseta de teléfono público y casi siempre, después de que le preguntan si ha comido bien, le piden que regrese a su casa, que su padre lo quiere ver antes de morir. Abandona su casa en la que nació. Se aleja del barrio y de sus amigos con los que compartió alegrías; se aleja para protegerlos, para que no sepan nada de él, para que los de la DFS no crean que los amigos saben dónde encontrarlo y no los torturen para que canten. Se abandona a sí mismo, su vida ya no le pertenece.

La guerrilla y los ideales que ésta representa, es el único asidero mental para el clandestino. El ateo comunista o el ateo anarquista, convierte a la Revolución en una Diosa. Todas las mañanas se levanta con la misma fe de que pronto llegará el juicio final, que el camino que ha tomado es el camino verdadero, los demás confunden la consciencia y el espíritu de las personas. “Las causas” por las que lucha, lo que sea que eso represente en la vida de cada persona, le hacen pasar el trago amargo de todo lo que abandona. “Las causas” es tan etéreo como un Dios.

Todo clandestino se hace guerrillero, pero no todo guerrillero se hace clandestino.

Es así como Alicia de los Ríos Merino le explicaba a Pepe lo que significaba rentar una casa durante dos meses en el municipio de Tlalnepantla, desocuparla, e irse al municipio de Nezahualcóyotl a rentar otra, y así sucesivamente. Usar nombres falsos. Tener reglas rígidas para la convivencia en la clandestinidad, como no salir, no tomar, no drogarse, no poner música.

— Por ejemplo — Alicia le dice a Pepe— , nunca podré dilucidar qué hubiera hecho yo en la noche en que atraparon a Ignacio Salas, la cabeza del movimiento hace un par de años. Dicen que el encargado de la casa de seguridad donde vivía Salas, el compa Rodolfo, “El Viejito”, impidió que salieran los miembros de la Liga que se escondían en esa casa cuando escucharon disparos en la calle. Claro, yo no hubiera sabido que Salas era el que estaba disparando. ¿Si salían y no era él, qué? De igual manera hubieran puesto en peligro a todos los militantes de esa casa y no solo hubiera muerto Salas, sino los demás. El movimiento hubiera estado vulnerable. ¿Qué haces en el puesto de “El Viejito”?

Pepe se cambió de sillón y se sentó en un taburete que estaba al pie de una ventana. Sacó un Delicado de su camisa y unos cerillos. Abrió la ventana para ir aventando el humo por ahí mientras veía, con la ausencia que lo caracterizaba, los tinacos grises de las casas vecinas, el cableado telefónico de la calle.

– ¿Tú sabes lo que le hicieron al “Viejito” después de que atraparon a Salas y lo desapareciera la DFS? El Comité Militar de la Liga decidió ejecutarlo por traición, porque decidió no abrir la puerta de la casa de seguridad. ¿Tú qué hubieras hecho Pepe? ¿Me acusarías si no te abro la puerta de esta casa, si escuchas disparos?

Pepe miró a Alicia y sacó una risa irónica de su nariz, mientras exhalaba el humo por la misma.

Alicia se quedó acostada en la cama mirando el techo en obra negra del cuarto. La casa en la que vivían era custodiada por ella misma, era la jefa. Pepe se quedaba en otro cuarto, pero por las tardes, después de trabajar en la redacción y edición del “Madera”, se metían al cuarto de Alicia.

Hace días que Pepe se fijaba mucho en Alicia. Alicia lo notaba. Era ella quien tomaba la iniciativa de las charlas por las tardes.

– Pepe, cuéntame, qué dejaste para estar aquí, para ser clandestino.

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