Alfredo

He llegado a la conclusión de que Alfredo es un vampiro. Cualquiera lo puede intuir por su cara pálida, pero su condición hematófaga pasa desapercibida porque lleva una vida sumamente godín: hasta lleva topers con comida.

Sin embargo, mi sospecha detonó desde el momento en que me confesó que él no regalaba o recomendaba libros sin haberlos leído. Pensé: “¿Ah chingá, si recomienda libros a cada rato, cómo le hace? Algo en su vida estará fallando”.

Una por una de mis premisas se fueron cayendo. Seguro lee en el trabajo: para nada, el cargo de director lo ocupa en mil cosas, de sol a sol, lo he visto. ¡Su esposa! Seguro su relación… tampoco, es una mujer muy feliz. Los fines de semana los dedica completamente a sus dos hijos.

Entonces observé cuidadosamente su comportamiento porque la intriga era cada vez más grande: sus ojos parpadean poco, su piel siempre es translúcida aunque argumente playa, nunca toma agua, camina con los brazos como acostumbrados a extender una capa negra.

Ergo: lee con calma todo lo que se le atraviese mientras la ciudad duerme.

Eso es, no tiene la necesidad de dormir.

Mañana lo expondré al mundo: llegaré a pedirle la firma para mandar unos oficios y “accidentalmente” me cortaré un dedo con el filo de una hoja de papel para hacerme sangrar. Claro, si su agenda se lo permite.

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